viernes, 28 de agosto de 2026

Las 7 Responsabilidades del Liderazgo.


Por: VIRIDIANA MENDOZA ESCAMILLA
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

¿Qué hace que un hombre que abandonó la educación secundaria se convierta en un millonario?, la respuesta está en la capacidad para dirigir proyectos. Bryan Tracy es un hombre adinerado, presidente de la consultoría de capacitación Brian Tracy International, sin embargo, hace tan solo unos años era un joven confundido que dejó sus estudios para emplearse como obrero, lavalozas, y asistente de granjero.

Cuando cumplió 25 años se convirtió en vendedor y ahora su empresa de consultoría tiene un valor de 265 millones de dólares, la clave de su éxito radica en su capacidad de dirigir. En su libro "¿Cómo lideran los mejores líderes?", explica que existen siete responsabilidades que nunca cambian en todas las organizaciones.

"En una escala del uno al 10, tus capacidades en cada una de éstas siete áreas determinan tu valía como elemento en una organización", señala.

Así, las siete responsabilidades principales de un líder son:

1) Establecer y concretar metas comerciales: La principal razón de los fracasos comerciales y ejecutivos es la incapacidad para lograr metas de ventas, crecimiento, productividad y rentabilidad. Establecer y alcanzar metas implica planificar y realizar estrategias no sólo es seguir un camino para conseguirlas.

2) Innovar y comercializar: Tomando en cuenta que las empresas tienen el objetivo permanente de conseguir clientes y conservarlos, el  líder debe promover la innovación continua de productos y servicios.

3) Resolver problemas y tomar decisiones: Una meta sin alcanzar es un problema por resolver, si quieres ser un buen líder, las dificultades y las barreras deben dejar de serlo para convertirse en retos que puedan ser superados.

4) Establecer prioridades y tareas clave: El tiempo es el recurso más escaso: es limitado, perecedero, irrecuperable e irreemplazable. La manera en la que asignas el tiempos puede ser un determinante crucial para tus logros.

5) Ser un modelo para los demás: Enseñar con el ejemplo es la única forma en que se puede lograr aprendizaje en una organización. Los líderes se comportan como si los estuvieran viendo aún cuando nadie los mira.

6) Persuadir, inspirar y motivar a otros a seguirte: Si las personas no te siguen entonces no eres un líder. Para lograr que tus compañeros te sigan y respalden es necesario ganar su confianza y respeto.

7) Tener un buen desempeño y obtener resultados: La capacidad de obtener los resultados que se esperan es un factor que determina cuán exitoso eres , es por ello que tu manera de desempeñarte debe relucir de manera positiva pues demostrará que las metas que trazaste son alcanzables.


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jueves, 27 de agosto de 2026

La disciplina y el liderazgo del 'crack'






Por: José Darío Uribe

El primer gran impacto internacional de James comenzó en la segunda mitad del 2010.

La primera vez que oí hablar de James Rodríguez fue cuando empezó a jugar en Banfield, a comienzos del 2008, y los narradores de fútbol lo llamaban ‘Yeims’. Mi hijo Andrés seguía al modesto equipo argentino porque años antes lo habíamos visto jugar contra Boca Juniors en La Bombonera, y yo lo recordaba cariñosamente porque su uniforme tiene los mismos colores de mi equipo de fútbol del alma. Cuando Andrés me mostraba las jugadas de James, yo le hacía el mismo chiste siempre: “¿Está jugando en Nacional? ¡Por qué no me había dicho antes!”.

El primer gran impacto internacional de James comenzó en la segunda mitad del 2010, cuando lo contrató el Porto de Portugal. Casi todas las semanas escuchaba “¡gol de Falcao, por pase de James!”, y mi hijo se encargaba de que viera sus jugadas geniales. Siempre eran pases extraordinarios, centros perfectos y tiros precisos desde fuera del área. Su dimensión mundial la alcanzó este año en la Selección. En ella nos puso a soñar a todos los colombianos, desde aquel primer partido en La Paz, donde corrió a más de 3.000 metros de altura como el chasqui más entrenado, hasta los seis espectaculares goles en la Copa del Mundo de Brasil.

Pero ¿qué ha hecho que James sea un jugador excepcional y de talla mundial? No es solo su natural zurda prodigiosa. James sobresale en los momentos más difíciles, se hace más grande y decisivo cuando las cosas no parecen funcionar bien, se adapta a las necesidades del equipo, coordina a sus compañeros en busca de un mejor desempeño y logra un equilibro en su juego y en su vida. Nació con inmenso talento, sin duda, pero sus excepcionales condiciones se explican por mucho más que eso. Desde muy niño, él y su familia se enfocaron en desarrollar su potencial, con constancia, esfuerzo y perseverancia, y miró el mundo. A medida que juega y entrena más minutos y compite en las ligas más exigentes del planeta, su carácter y disciplina se han fortalecido, su eficiencia ha mejorado, su capacidad de adaptación ha crecido y su juego se ha renovado. Y como líder que inspira con sus ganas y empuje, en un deporte donde el equipo es fundamental, James es un buen ejemplo de la combinación mágica entre cooperación y competencia.

Todos estos ingredientes –jugar globalmente, “aprender haciendo”, acumular capital humano, competir y cooperar– están en la base del éxito de James David Rodríguez y de las sociedades en general.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Éxito y perseverancia


Estos días estoy reflexionando sobre un valor muy importante para nuestro éxito en la vida: la perseverancia.

¿Dónde se aprende? ¿Cómo se transmite?

Hace unas semanas tuve el placer de compartir en el Club de lectura FESTO que lidera Jaime García, y del que tengo el honor de formar parte, el libro Fuera de serie (Outliers), de Malcolm Gladwell, dónde el autor nos ofrece una mirada muy interesante para reflexionar sobre qué oportunidades pueden favorecer nuestro éxito en la vida. Este mismo autor ya escribió La clave del éxito (The Tipping Point) e Inteligencia Intuitiva. Gladwell nos presta su punto de vista para repensar el éxito desde una perspectiva más global. Factores como tu fecha de nacimiento, el lugar del que procedes, cómo es tu familia, a qué generación perteneces o qué tipo de educación has recibido van a ser oportunidades determinantes a la hora de lograr el éxito en tu vida.

En uno de sus capítulos, Gladwell habla del aprendizaje de las matemáticas, en dónde hace hincapié en un valor fundamental: podemos llegar a dominar cualquier ciencia si estamos dispuestos a perseverar. Se trata de una actitud vital: llegaremos a dominar una profesión si estamos dispuestos a intentarlo, a experimentar y entrenar sin desfallecer hasta lograr el éxito. Alan Schoenfels, catedrático de matemáticas de Berkeley, estudió el éxito en el aprendizaje de las matemáticas. Gravaba en vídeo a sus estudiantes mientras intentaban resolver problemas. En estos vídeos demuestra que hemos de perseverar si queremos lograr el éxito. Demuestra que desde que intentamos resolver un problema hasta que llegamos a su correcta resolución hemos de dedicar tiempo para comprenderlo y que tenga sentido.

Este ejemplo con las matemáticas lo podemos extrapolar a otras materias o áreas de nuestra vida ¿Cuánto tiempo trabajas para resolver un problema antes de concluir que es demasiado complejo para solucionarlo? Este tiempo, es decir, nuestra actitud perseverante es la que va a marcar la diferencia entre el fracaso y el éxito. El éxito es una función de persistencia, obstinación y voluntad de trabajar al máximo durante el tiempo necesario para lograrlo, desistir es sinónimo de fracasar.

Yo he sido una persona muy afortunada por haberme criado en un entorno familiar, educativo y profesional dónde se me ha transmitido el valor del esfuerzo, el trabajo bien hecho y la perseverancia, desde la confianza y la esperanza se me ha permitido equivocarme y se me ha dado el tiempo para poder llegar a resolver las situaciones o problemas de los que me hice responsable.

A la edad de 15 años y cursando el bachillerato superior, tuve la “mala fortuna” de tener una pésima profesora de matemáticas. Esta mala fortuna se convirtió en una gran oportunidad. Les comenté a mis padres el problema y mi padre se puso en contacto con un ex general del ejército y retirado profesor de matemáticas de la Escola del Treball de Barcelona. Recuerdo aquellas tardes con él resolviendo problemas de trigonometría. Me daba un papel y me decía: tómate tu tiempo para resolverlo. Él estaba sentado a mi derecha, fumando su pipa y esperando hasta que yo sola resolvía el problema. Desde su paciencia, bondad, confianza y sabiduría aprendí a disfrutar de mi propio proceso de aprendizaje. No sólo logré pasar con nota la revalida del bachillerato sino que aprendí que para lograr el éxito debía perseverar.

El valor de la perseverancia lo podemos aplicar al mundo de las organizaciones, a quien está aprendiendo una nueva profesión, a padres que educan a sus hijos, a directivos que lideran un equipo, al comercial que ofrece servicio a sus clientes…¿Cuánto tiempo trabajamos en ello antes de rendirnos?

Céntrate en alguna competencia que quieras desarrollar ¿en que has de seguir trabajando?

La belleza la encontrarás en la perseverancia

Este valor forma parte de la cultura a la que pertenecemos. ¿A qué cultura perteneces tu? ¿En qué cultura se están desarrollando los miembros de tu equipo? Si queremos fomentar el desarrollo de competencias ¿qué contexto será más idóneo, la cultura de la “perseverancia” o la de “déjalo ya”? ¿Estás dispuesto a dedicar tiempo a la supervisión, a esforzarte un poco más para recoger mejores resultados?

Si como dice Malcolm Gladwell, la cultura en la que nos desarrollamos es clave a la hora de lograr el éxito, nuestro liderazgo ha de inspirarnos para crear condiciones donde la perseverancia tenga sentido.

El contexto en el que la perseverancia florece es en el de la confianza. Si creemos que lo lograremos estaremos más predispuestos a invertir el tiempo necesario para conseguirlo. Cuando no creemos en nuestro potencial desistimos antes de tiempo. Si no creemos en nosotros y no nos damos el tiempo para analizar, reflexionar y descubrir nuestras respuestas difícilmente seremos capaces de crear la cultura para que este valor se desarrolle. Cómo padres, educadores o directivos no sólo hemos de inspirarles para que perseveren, lo hemos de trasmitir desde la confianza y la esperanza su enorme potencial.

Para finalizar me gustaría compartir algunas preguntas que pueden inspirarte:
¿Quién te ha transmitido la cultura de la perseverancia?
¿En qué has de confiar para perseverar?
¿Qué significado le das a tu trabajo?
¿Cómo puedes hacer significativa tu labor?
¿Qué puede ayudarte a abordar con alegría y resolución cualquier tarea que te propongas?
¿Quién puede inspirarte para conectar perseverancia, éxito y felicidad?
¿Qué oportunidades puedes aprovechar desde tu perseverancia?
¿Qué ejemplo de perseverancia eres para tus colaboradores…?

martes, 25 de agosto de 2026

EL PREMIO A LA PERSEVERANCIA

Por: Elena Sichrovsky


 EL PREMIO A LA PERSEVERANCIA

«Eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces y más inteligente de lo que piensas». Palabras del personaje Christopher Robin de A. A. Milne

La primera vez que oí esa frase me acordé de algo que acababa de leer sobre un joven tremendamente dotado para el deporte. Con apenas diecinueve años, Rafael Nadal ya aspiraba a ser campeón mundial de tenis. Corría el año 2005 y, habiendo ganado su primero Grand Slam ese año y alcanzado el puesto nº 2 en el ranking de la ATP, parecía listo para encumbrarse aún más en la escala del éxito. 
Sin embargo, al cabo de varias semanas de molestias en el pie izquierdo, los médicos descubrieron que había nacido con una enfermedad poco común que le causaba hinchazón en el pie y con frecuencia le producía dolores intensos. Aquello amenazaba con truncar su carrera de un día para otro.

Ese inesperado contratiempo destrozó las aspiraciones juveniles de Rafa. Sin poder caminar —y mucho menos jugar al tenis— se sumió en una sombría espiral de depresión. Se pasaba horas echado en un sofá con la mirada perdida, o sentado en el baño llorando. Más tarde comentaría: «No me reía, no sonreía, no quería hablar. Había perdido todo apetito por la vida».

En ese momento tuvo que tomar una decisión trascendental: o se daba por vencido o seguía adelante. Si optaba por la vía fácil, se perdería  las recompensas que podía depararle la senda de las dificultades. Decidió persistir y concentrarse en la victoria, por más que se veía y sentía derrotado. No fue una decisión fácil: sufrió más lesiones, y el pie continuó molestándolo. A pesar de todo, su determinación rindió fruto: tres años más tarde llegó a ser el número uno del tenis mundial.

Hay momentos en que la vida nos asesta un golpe duro. Nuestros sueños se ven truncados, perdemos las esperanzas y nos sumimos en la desesperación. No obstante, aunque parezca que todas las circunstancias apuntan al fracaso, podemos optar por vivir victoriosamente y empeñarnos en aguantar un día más, una hora más, un minuto más. Podemos atrevernos a hacer otro intento, así tengamos miedo de fallar. Podemos tomar la decisión de amar una vez más aunque nos hayan lastimado, y de ser generosos aunque nos hayan engañado. Un día también nosotros emergeremos de la oscuridad de la noche para disfrutar de un esplendoroso amanecer.


lunes, 24 de agosto de 2026

¿Por qué a los jóvenes no les gusta la palabra liderazgo?

A esos jóvenes renuentes al liderazgo les tengo noticias: nos vamos haciendo líderes poco a poco, es irremediable, así que no se resistan y cooperen.

Considero que el liderazgo se ha convertido en un concepto genérico que empieza a tambalearse porque hoy en día sigue cargando una interminable serie de etiquetas tradicionales partiendo del dilema de si el líder nace o se hace. De ahí en adelante, la lista de etiquetas es enorme.
Lo más curioso es que a los jóvenes millennials no les gusta esa palabra y a la fecha nadie ha podido encontrar un sinónimo que remplace el viejo término de liderazgo.
Si tratamos de analizar lo que está pasando en el mundo bajo la óptica de las acciones de los líderes mundiales, podríamos tal vez entender el porqué se ha desgastado el concepto.
Por ejemplo, si le echamos un ojo a la industria automovilística, tenemos que tres de las armadoras más grandes: Volkswagen, Mitsubishi y ayer Ford, han demostrado que su ética en los negocios no ha sido de lo más correcto respetando las leyes ecológicas de diferentes países; técnicamente, con una mano en la cintura están aceptando que sus líderes tomaron decisiones no éticas que afectan a los consumidores. 
Con todo esto se me viene a la mente ¿qué nos podrían decir de los cursos y grandes enseñanzas de sus programas de capacitación para los líderes estas empresas?, ¿qué tipo de líderes están formando? y ¿cuál es el futuro de esos líderes con esas capacidades morales?
En otro ejemplo tenemos lo que pasa con los líderes políticos mundiales. En España no logran ponerse de acuerdo para crear gobierno; en el resto de Europa, los líderes políticos han creado un gran déficit en la economía y además hoy tienen que tomar terribles decisiones para defender su territorio y enfrentar grandes problemas de migración. Ello, con todos los asuntos éticos de por medio.
Si nos atravesamos a nuestro continente, los líderes están enfrentando una serie de reclamos de parte de la sociedad por temas de corrupción; líderes empresariales y políticos envueltos en escándalos de corrupción en todas las latitudes del continente y a todos los niveles.
El colmo es cuando en diferentes sociedades, al no haber supuestos líderes confiables, ni valores en las sociedades, aparecen delincuentes a quienes la sociedad les da un lugar de fama y atención. Bajo el concepto de antilíderes y ante la zozobra social, se les da más difusión a esos antivalores que a los valores mismos que dan cordura y decencia a la sociedad en general.
Debe ser por eso que en la actualidad, las #Ladys, los #Lores o los #Mirreyes aparecen como si fuera chiste y se borra la línea de la cordura social. Es seguro que ante la mezcla de falta de valores y liderazgos reconocidos, la sociedad se encuentre polarizada ante estas apariciones o fenómenos de falta de liderazgo.
Otro caso patético son los líderes políticos que hoy aparecen como salvadores de la patria, disfrazados de candidatos en todas sus diferentes versiones, los cuales usan la mentira (o su verdad a medias y acomodada) como el arma más poderosa ante la sociedad para vender sus dichos, historias y soluciones mágicas para simplemente llegar al poder.
Con todo esto, quiero suponer que cuando a los jóvenes les dicen que son líderes y que son el futuro del mundo, pues, en pocas palabras, les da tiña, se les paran los pelos y, por supuesto, son pocos los que le quiere entrar a eso de tener responsabilidades, ser carismáticos, tomar decisiones, tener gente a su mando, ser confiables, ser creativos, ser innovadores, ser congruentes, dirigir las empresas y los países a un mundo mejor, amén de dirigir un barco y enfrentar las resistencias, ser tolerantes, generar aceptación, dirigir la adaptación y promover los buenos resultados, entre otras cosillas más.
Ante el entorno que tenemos, la transformación del mundo y los malos ejemplos, ya entiendo el porqué no quieren jugar a eso de ser líderes.
A final de cuentas, considero que mientras no encontremos otra palabra nueva, les tengo malas y buenas noticias a esos jóvenes rejegos al liderazgo: líderes somos todos, nacemos humanos, con capacidades de adaptación y aprendizaje, nos vamos haciendo en el camino mejores humanos y la vida nos pone pruebas y en algún momento tendremos que tomar decisiones por nosotros mismos, por nuestros seres queridos, y en algunos casos hasta nos podremos hacer responsables de diferentes situaciones y circunstancias que no teníamos en el radar, ya sea por defensa, por gusto, porque no había de otra o porque consideramos que esa situación sí la queríamos encabezar. Así nos vamos haciendo líderes poco a poco. Es irremediable, así que flojitos y cooperando.
Fuente: Forbes México
Por: Marco V. Herrera 

viernes, 21 de agosto de 2026

El liderazgo de hoy


Fuente: Semana.com

Una de las contribuciones de los medios de comunicación, principalmente norteamericanos, durante los años 80 y 90 fue que crearon un estereotipo de liderazgo que todavía parece mantenerse. El buen líder debía tener una personalidad fuera de lo normal, un gran ego, ser competitivo y tener ambición personal. 

Diversos líderes del mundo empresarial, deportivo y político aparecían como estrellas de rock en revistas, periódicos y televisión como ejemplos de vida perfecta que nada tenían que ver con la realidad social y cultural de su entorno. Esto creó la idea de un liderazgo basado en la riqueza y la posición que ocupaban. 

Lo cierto es que el líder de hoy no debe mirarse desde esa perspectiva, como explica el filósofo y profesor de la Universidad de Vanderbilt Richard L. Daft en su libro La experiencia del liderazgo, en el cual afirma que el nuevo liderazgo no depende de la persona, la posición, las ganancias o el título que se ocupe, sino que ser líder hoy es, fundamentalmente, un acto de humildad. Esto exige tener la capacidad de inspirar, motivar, aceptar errores y dudas, confiar y aprender de los otros. Daft agrega que "anteriormente el líder competía, hoy el líder tiene que crear comunión, trabajo en equipo y colaboración". 

En ese mismo sentido, es común pensar que la condición de jefe de una organización empresarial, de un partido político, un equipo deportivo o un batallón militar garantiza el titulo de líder. El general Manuel José Bonett, ex comandante de las Fuerzas Militares, dice que "los líderes que más admiro son aquellos colombianos de veredas o pueblos que con su propia iniciativa llevan a la construcción de una escuela o una estación de Policía. Son personas sin los medios, sin ninguna posición ni poder pero que logran llegar a su meta y aportar a la comunidad". En este caso, es claro que un cargo no da el liderazgo. 

Adiós al liderazgo autocrático 

Sea empresarial, militar o político, un buen líder no debe centralizar el poder. Su función consiste en fomentar la participación, recurrir a sus colaboradores y delegar funciones. Como definen Robert Lussier y Christopher Achua en el libro Liderazgo, el líder de hoy debe tener la capacidad no sólo de influir en sus seguidores sino de ser un seguidor.

Jean-Claude Bessudo, presidente del Grupo Aviatur, opina que "es líder realmente quien permite ser cuestionado, quien permite que el acto de seguirlo sea voluntario, y lo más importante, tiene que ser capaz de mirar todos los puntos de vista". Es lo que llaman un liderazgo democrático, donde la diversidad de pensamientos tiene valor en la consecución de los objetivos. 

Otra característica errónea del líder autocrático es el olvido de la dignidad humana. Sucede en muchos casos que se tiende a mostrar más interés por las tareas y los objetivos que por las personas que trabajan en un proyecto o que se verán afectadas por las metas. El líder democrático es capaz de poner en una balanza las prioridades, para de este modo generar un buen ambiente entre sus seguidores. 

Luisa González, sicóloga de la Universidad Javeriana, explica que por desbalance entre lo humano y lo laboral es frecuente que en muchas empresas los empleados estén desmotivados. "Ser líder es transmitir la energía, es llevar el entusiasmo a otros, es cierto que debe existir la autoridad, el control, la rigidez, pero si todo se centra en eso se apaga el ánimo y la motivación, y eso no invita a una visión común sino a una obligación común", concluye González.

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lunes, 17 de agosto de 2026

5 razones para ser un buen líder


Escrito por: Andrea Méndez 

Poca gente recordará a los hombres en las trincheras, pero muchos recordarán a aquellos hombres que condujeron a sus semejantes a lograr grandes cosas.

1. Marca la diferencia 
Ten en cuenta que los líderes toman decisiones cuya repercusión tiene un gran alcance. Aprovéchalo para inculcar valores y principios ya no sólo desde el punto de vista de un líder, sino desde la perspectiva de una persona cuyas palabras y comportamientos van a calar en el resto de personas que tiene a su mando, las cuales, a su vez, a través de esa experiencia, calarán a sus allegados.

2. Fomenta el cambio 
El cambio es algo constante y habitual en nuestro entorno, y uno de los aspectos más difíciles para cualquier grupo u organización es adaptarse al cambio. Un líder eficaz abrazará el desafío del cambio y lo tomará como una oportunidad para mejorar y crecer. Cambiar es positivo y constructivo, y ese es el mensaje que el buen líder ha de fomentar entre su grupo.

3. Saca lo mejor de cada uno 
Los líderes tienen la capacidad de motivar y promover la grandeza a otros. Un buen líder conoce los puntos fuertes de cada uno de su equipo y saca lo mejor de cada uno de ellos. El grupo espera que le digan qué deber hacer, pero los buenos líderes reconocen las destrezas de cada uno y saca lo mejor de todos ellos, desafiándoles a ellos mismos a ir más allá de lo que ellos creen que son capaces de llegar.

4. Aumenta el rendimiento 
Con la capacidad de sacar lo mejor de cada persona del grupo, el líder tiene la capacidad de aumentar el rendimiento global de toda su organización, y haciéndolo además de una manera satisfactoria para su trabajadores.
No siempre las decisiones de los líderes son populares entre la organización, pero un buen liderazgo no significa escoger la decisión más popular, sino la más necesaria, y haciéndolo además teniendo en cuenta a todas las partes involucradas.

5. Ayuda a los demás 
Un buen líder no sólo promueve el cambio y la mejora a sus trabajadores con fines laborales, un buen líder dedica la mayor parte de su tiempo y energía en ayudar a sus trabajadores a tener más éxito, a desempeñar mejor su función, a dar retroalimentación y proporcionar los recursos necesarios para que se de una armonía laboral y personal.

Un buen líder considera a sus trabajadores personas antes que subordinados.
Robert Stephenson dijo una vez que la manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás. Un buen líder, para poder serlo, ha de hacer felices a sus trabajadores.

Te preguntarás por qué no he nombrado al dinero. El dinero es algo atractivo, eso es obvio. De hecho, muchos de los puestos mejor pagados en las empresas conllevan alguna función de liderazgo; pero si uno de tus motivos para ser líder es el dinero, vas por el camino equivocado.

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